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lunes, 10 de noviembre de 2014

Aprender colaborando en la universidad

Actualmente, la mayoría de las propuestas en términos de Tecnologías de la Información y la Comunicación en el aula se están desarrollando en el ámbito de la educación primaria y secundaria. Pero todavía falta mucho por hacer en el sector de la educación superior.
Además de la poca investigación que existe al respecto, se percibe un cierto recelo por parte de los profesores hacia la tecnología utilizada por los estudiantes (sms, chat, Facebook, YouTube…), ya que la sienten como un elemento perjudicial para el flujo natural de la enseñanza tradicional (Handley, Wilson, Peterson, Brown, Ptzaszynksi, 2007). Y en este sentido cabe preguntarse qué tipo de ventajas reporta la cooperación en el ámbito universitario y si éstas pueden compensar los posibles inconvenientes.
Como plantea (Bauerová y Sein-Echaulce, 2007) organizar el trabajo, compartir información, crear, aumentar y actualizar el conocimiento, mejorar la calidad de la enseñanza, mejorar el proceso de aprendizaje, prepararse para un futuro laboral, etc., pueden ser algunas de las razones que impulsen a trabajar de forma cooperativa.

La Web 2.0 en la educación superior

www.outlook.comAnte el nuevo panorama social en el que estamos inmersos por la revolución digital de la Web, cambian las estrategias de enseñanza y en consecuencia, también los roles de profesor y alumnos. El profesor, en lugar de suministrar conocimientos, participa en el proceso de generar conocimiento junto con el estudiante de forma construida y compartida. Desde esta posición, se entiende claramente que los procesos centrales del aprendizaje son los procesos de organización y comprensión del material informativo, pues el aprendizaje es el resultado de la interpretación o transformación de los materiales de conocimiento (García Sans, 2008), donde el estudiante tiene aquí un papel esencialmente activo, convirtiéndose en el verdadero protagonista del aprendizaje.
Estas características, junto con el nuevo rol de profesor, son las que favorecerán que la educación sea efectiva. Para ello también es importante la participación activa en el proceso de enseñanza-aprendizaje de todos sus actores, de manera activa e interrelacionada, es decir: profesor-alumno, alumno-alumno, profesor-profesor.
En pleno siglo XXI, es imposible pensar en una enseñanza basada únicamente en la lección magistral, según el modelo vertical. El profesor ha dejado de ser el "orador sagrado, dispensador único de la ciencia", tal y como recuerda Santamaría (2005). Y el mismo autor señala que el aprendizaje se considera como una actividad social. Un estudiante no aprende sólo del profesor y/o del libro de texto ni sólo en el aula; aprende también a de muchos otros agentes: los medios de comunicación, sus compañeros, la sociedad en general, etc.